La decisión estaba tomada. Íbamos a comenzar, y había que armar rápidamente una programación para el primer mes. La filosofía -que todavía se mantiene- es organizar ciclos mensuales sobre la base de elementos comunes (la misma temática, el mismo director, el mismo país de origen, etc.). De entrada pensamos que era una buena idea privilegiar el cine latinoamericano, por una sencilla razón: por alguna perversa lógica de mercado, cada uno de nuestros países (salvo los círculos cinéfilos) ignora prolijamente lo que en materia cinematográfica hace el país vecino. La llamada "globalización" ha integrado a la industria cinematográfica con la distribución y los circuitos de exhibición, en enormes conglomerados, y esto deja fuera de la escena a los "subdesarrollados". Hay excepciones, sobre todo últimamente, y volveremos sobre ello en algún post: las coproducciones, recurso reciente de los productores tercermundistas para captar alguna cuota del mercado mundial.
Pero hay un cine, muchas veces de alta calidad, orientado hacia el mercado interno de cada uno de nuestros países, que no es conocido en los otros. A veces, por cierto, por desconocimiento del público, que cuando esas producciones llegan a su mercado las deja pasar y prefiere ir a lo seguro (adivinaron: lo seguro es Hollywood). En el inicio, entonces, nos empecinamos en difundir ese cine.
Había otras razones, claro. Cuando uno tiene que armar un ciclo de cine en tres semanas recurre a lo que tiene cerca; y lo que tenía cerca, en este caso, era mi colección personal. Decidí, revisando mi dvd-teca*, que si íbamos a empezar con cine latinoamericano había que hacerlo a lo grande, y me decidí por Titón. O sea, Tomás Gutiérrez Alea, el genial realizador cubano, monstruo y padre de todos los monstruitos que el cine latinoamericano produjo después de él. En el ciclo se exhibieron cuatro películas, tres de Gutiérrez Alea y la última, de Juan Carlos Tabío, discípulo y colaborador de Titón. Vimos:
La muerte de un burócrata (Tomás Gutiérrez Alea, 1966). Un fresco de corte chaplinesco, que narra cómo la burocracia puede enredarle la vida a un hombre hasta volverlo loco.
Fresa y Chocolate (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1993). La amistad entre un joven estudiante, revolucionario, políticamente correcto y homofóbico, un artista homosexual y una mujer desesperada, proporciona el marco para una reflexión profunda sobre el prejuicio, el amor y la amistad. Es el primer film que abordó el tema de la homosexualidad en la Cuba revolucionaria, y sólo pudo haber sido filmada por Gutiérrez Alea, cuya autoridad moral le permitía traspasar los tabúes. Lanzó a la fama internacional a Jorge Perugorría, que fue acompañado por otros dos grandes actores: Vladimir Cruz y Mirta Ibarra, esposa del director. Está basada en el cuento "El lobo, el bosque y el hombre nuevo", de Senel Paz.
Guantanamera (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1995). Película estrenada pocos meses antes de la preanunciada muerte de Titón, abatido por un cáncer de pulmón. A través del último viaje de Yoyita, una cantante cuyo cuerpo atraviesa toda Cuba a merced de un burócrata caído en desgracia, se dibuja una crítica interna al sistema, en clave de comedia. Nuevamente protagonizan Jorge Perugorría y Mirta Ibarra,
Lista de Espera (Juan Carlos Tabío, 2003). Film de total responsabilidad de Tabío, a siete años de la muerte de Gutiérrez Alea. Sobre un cuento de Arturo Arango, y con la colaboración de Senel Paz en el guión, vuelve a reunir a Jorge Perugorría y Vladimir Cruz, mucho más maduros. Cuenta la historia de un grupo heterogéneo, atrapado por la rotura de un autobús en una remota estación de micros. El sueño y la realidad se superponen y componen un fresco sobre la Cuba actual.
Es notable (¿o tal vez no lo es?) que Juan Carlos Tabío declare que ni Lista de Espera, ni Guantanamera, ni Fresa y Chocolate son cine político. Claro que lo son, y del mejor estilo, porque son capaces de cuestionar al sistema sin salirse de él. Tabío, y su maestro Titón, son puntales del cine de la Revolución Cubana, y hacen crítica dentro de la revolución. Eso habla tanto a su favor como a favor del sistema cubano, y calificar a su cine como político no lo degrada, lo enaltece. Esa crítica está clara desde La muerte de un burócrata, veintisiete años anterior a Fresa y chocolate.
Cuando programamos el ciclo tuvimos que elegir. Teníamos varías películas y sólo cuatro semanas. Eso nos llevó a omitir alguna película importante, como Memorias del subdesarrollo, (1968), para muchos críticos, la mejor película de Gutiérrez Alea, a partir de la novela homónima de Edmundo Desnoes. Este film relata (retrata) el hastío de un burgués -el único de su familia que decide quedarse en La Habana- frente a un mundo en ebullición. También es indispensable, tanto desde su relato social como de la impecable estética de Titón, pero preferí privilegiar lo crítico, los espacios que sólo podía conquistar con la prepotencia de su talento y de su trabajo el irremplazable Tomás Gutiérrez Alea. Por eso esta película quedó para otro ciclo.
* Ya hablaré más en detalle de nuestro hardware. Como anticipo les cuento que contamos con un reproductor de DVDs y cassettes de VHS, y un cañón, más el amplificador que alimenta los parlantes, colocados a ambos lados de la pantalla. La típica instalación de un microcine.
Pero hay un cine, muchas veces de alta calidad, orientado hacia el mercado interno de cada uno de nuestros países, que no es conocido en los otros. A veces, por cierto, por desconocimiento del público, que cuando esas producciones llegan a su mercado las deja pasar y prefiere ir a lo seguro (adivinaron: lo seguro es Hollywood). En el inicio, entonces, nos empecinamos en difundir ese cine.
Había otras razones, claro. Cuando uno tiene que armar un ciclo de cine en tres semanas recurre a lo que tiene cerca; y lo que tenía cerca, en este caso, era mi colección personal. Decidí, revisando mi dvd-teca*, que si íbamos a empezar con cine latinoamericano había que hacerlo a lo grande, y me decidí por Titón. O sea, Tomás Gutiérrez Alea, el genial realizador cubano, monstruo y padre de todos los monstruitos que el cine latinoamericano produjo después de él. En el ciclo se exhibieron cuatro películas, tres de Gutiérrez Alea y la última, de Juan Carlos Tabío, discípulo y colaborador de Titón. Vimos:
La muerte de un burócrata (Tomás Gutiérrez Alea, 1966). Un fresco de corte chaplinesco, que narra cómo la burocracia puede enredarle la vida a un hombre hasta volverlo loco.
Fresa y Chocolate (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1993). La amistad entre un joven estudiante, revolucionario, políticamente correcto y homofóbico, un artista homosexual y una mujer desesperada, proporciona el marco para una reflexión profunda sobre el prejuicio, el amor y la amistad. Es el primer film que abordó el tema de la homosexualidad en la Cuba revolucionaria, y sólo pudo haber sido filmada por Gutiérrez Alea, cuya autoridad moral le permitía traspasar los tabúes. Lanzó a la fama internacional a Jorge Perugorría, que fue acompañado por otros dos grandes actores: Vladimir Cruz y Mirta Ibarra, esposa del director. Está basada en el cuento "El lobo, el bosque y el hombre nuevo", de Senel Paz.
Guantanamera (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1995). Película estrenada pocos meses antes de la preanunciada muerte de Titón, abatido por un cáncer de pulmón. A través del último viaje de Yoyita, una cantante cuyo cuerpo atraviesa toda Cuba a merced de un burócrata caído en desgracia, se dibuja una crítica interna al sistema, en clave de comedia. Nuevamente protagonizan Jorge Perugorría y Mirta Ibarra,
Lista de Espera (Juan Carlos Tabío, 2003). Film de total responsabilidad de Tabío, a siete años de la muerte de Gutiérrez Alea. Sobre un cuento de Arturo Arango, y con la colaboración de Senel Paz en el guión, vuelve a reunir a Jorge Perugorría y Vladimir Cruz, mucho más maduros. Cuenta la historia de un grupo heterogéneo, atrapado por la rotura de un autobús en una remota estación de micros. El sueño y la realidad se superponen y componen un fresco sobre la Cuba actual.
Es notable (¿o tal vez no lo es?) que Juan Carlos Tabío declare que ni Lista de Espera, ni Guantanamera, ni Fresa y Chocolate son cine político. Claro que lo son, y del mejor estilo, porque son capaces de cuestionar al sistema sin salirse de él. Tabío, y su maestro Titón, son puntales del cine de la Revolución Cubana, y hacen crítica dentro de la revolución. Eso habla tanto a su favor como a favor del sistema cubano, y calificar a su cine como político no lo degrada, lo enaltece. Esa crítica está clara desde La muerte de un burócrata, veintisiete años anterior a Fresa y chocolate.
Cuando programamos el ciclo tuvimos que elegir. Teníamos varías películas y sólo cuatro semanas. Eso nos llevó a omitir alguna película importante, como Memorias del subdesarrollo, (1968), para muchos críticos, la mejor película de Gutiérrez Alea, a partir de la novela homónima de Edmundo Desnoes. Este film relata (retrata) el hastío de un burgués -el único de su familia que decide quedarse en La Habana- frente a un mundo en ebullición. También es indispensable, tanto desde su relato social como de la impecable estética de Titón, pero preferí privilegiar lo crítico, los espacios que sólo podía conquistar con la prepotencia de su talento y de su trabajo el irremplazable Tomás Gutiérrez Alea. Por eso esta película quedó para otro ciclo.
* Ya hablaré más en detalle de nuestro hardware. Como anticipo les cuento que contamos con un reproductor de DVDs y cassettes de VHS, y un cañón, más el amplificador que alimenta los parlantes, colocados a ambos lados de la pantalla. La típica instalación de un microcine.
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