sábado, 24 de noviembre de 2007

Empezando: octubre de 2006

La decisión estaba tomada. Íbamos a comenzar, y había que armar rápidamente una programación para el primer mes. La filosofía -que todavía se mantiene- es organizar ciclos mensuales sobre la base de elementos comunes (la misma temática, el mismo director, el mismo país de origen, etc.). De entrada pensamos que era una buena idea privilegiar el cine latinoamericano, por una sencilla razón: por alguna perversa lógica de mercado, cada uno de nuestros países (salvo los círculos cinéfilos) ignora prolijamente lo que en materia cinematográfica hace el país vecino. La llamada "globalización" ha integrado a la industria cinematográfica con la distribución y los circuitos de exhibición, en enormes conglomerados, y esto deja fuera de la escena a los "subdesarrollados". Hay excepciones, sobre todo últimamente, y volveremos sobre ello en algún post: las coproducciones, recurso reciente de los productores tercermundistas para captar alguna cuota del mercado mundial.

Pero hay un cine, muchas veces de alta calidad, orientado hacia el mercado interno de cada uno de nuestros países, que no es conocido en los otros. A veces, por cierto, por desconocimiento del público, que cuando esas producciones llegan a su mercado las deja pasar y prefiere ir a lo seguro (adivinaron: lo seguro es Hollywood). En el inicio, entonces, nos empecinamos en difundir ese cine.

Había otras razones, claro. Cuando uno tiene que armar un ciclo de cine en tres semanas recurre a lo que tiene cerca; y lo que tenía cerca, en este caso, era mi colección personal. Decidí, revisando mi dvd-teca*, que si íbamos a empezar con cine latinoamericano había que hacerlo a lo grande, y me decidí por Titón. O sea, Tomás Gutiérrez Alea, el genial realizador cubano, monstruo y padre de todos los monstruitos que el cine latinoamericano produjo después de él. En el ciclo se exhibieron cuatro películas, tres de Gutiérrez Alea y la última, de Juan Carlos Tabío, discípulo y colaborador de Titón. Vimos:

La muerte de un burócrata (Tomás Gutiérrez Alea, 1966). Un fresco de corte chaplinesco, que narra cómo la burocracia puede enredarle la vida a un hombre hasta volverlo loco.

Fresa y Chocolate (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1993). La amistad entre un joven estudiante, revolucionario, políticamente correcto y homofóbico, un artista homosexual y una mujer desesperada, proporciona el marco para una reflexión profunda sobre el prejuicio, el amor y la amistad. Es el primer film que abordó el tema de la homosexualidad en la Cuba revolucionaria, y sólo pudo haber sido filmada por Gutiérrez Alea, cuya autoridad moral le permitía traspasar los tabúes. Lanzó a la fama internacional a Jorge Perugorría, que fue acompañado por otros dos grandes actores: Vladimir Cruz y Mirta Ibarra, esposa del director. Está basada en el cuento "El lobo, el bosque y el hombre nuevo", de Senel Paz.

Guantanamera (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1995). Película estrenada pocos meses antes de la preanunciada muerte de Titón, abatido por un cáncer de pulmón. A través del último viaje de Yoyita, una cantante cuyo cuerpo atraviesa toda Cuba a merced de un burócrata caído en desgracia, se dibuja una crítica interna al sistema, en clave de comedia. Nuevamente protagonizan Jorge Perugorría y Mirta Ibarra,

Lista de Espera (Juan Carlos Tabío, 2003). Film de total responsabilidad de Tabío, a siete años de la muerte de Gutiérrez Alea. Sobre un cuento de Arturo Arango, y con la colaboración de Senel Paz en el guión, vuelve a reunir a Jorge Perugorría y Vladimir Cruz, mucho más maduros. Cuenta la historia de un grupo heterogéneo, atrapado por la rotura de un autobús en una remota estación de micros. El sueño y la realidad se superponen y componen un fresco sobre la Cuba actual.

Es notable (¿o tal vez no lo es?) que Juan Carlos Tabío declare que ni Lista de Espera, ni Guantanamera, ni Fresa y Chocolate son cine político. Claro que lo son, y del mejor estilo, porque son capaces de cuestionar al sistema sin salirse de él. Tabío, y su maestro Titón, son puntales del cine de la Revolución Cubana, y hacen crítica dentro de la revolución. Eso habla tanto a su favor como a favor del sistema cubano, y calificar a su cine como político no lo degrada, lo enaltece. Esa crítica está clara desde La muerte de un burócrata, veintisiete años anterior a Fresa y chocolate.

Cuando programamos el ciclo tuvimos que elegir. Teníamos varías películas y sólo cuatro semanas. Eso nos llevó a omitir alguna película importante, como Memorias del subdesarrollo, (1968), para muchos críticos, la mejor película de Gutiérrez Alea, a partir de la novela homónima de Edmundo Desnoes. Este film relata (retrata) el hastío de un burgués -el único de su familia que decide quedarse en La Habana- frente a un mundo en ebullición. También es indispensable, tanto desde su relato social como de la impecable estética de Titón, pero preferí privilegiar lo crítico, los espacios que sólo podía conquistar con la prepotencia de su talento y de su trabajo el irremplazable Tomás Gutiérrez Alea. Por eso esta película quedó para otro ciclo.

* Ya hablaré más en detalle de nuestro hardware. Como anticipo les cuento que contamos con un reproductor de DVDs y cassettes de VHS, y un cañón, más el amplificador que alimenta los parlantes, colocados a ambos lados de la pantalla. La típica instalación de un microcine.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

La gente

Hay mucha gente detrás de esta movida. Para los que vienen al cine, soy la cara visible. Pero si no existiera el resto, los que están "detrás de la pantalla" (buena imagen, ¿no?), todo esto no sería posible.

Quien me invitó a comenzar esta aventura (o mejor dicho a continuar una aventura que había comenzado Fabián, a quien no conozco, y que hoy anda haciendo lo mismo por otros rumbos) fue la licenciada Rosa Muela, entonces Directora de Cultura del Ayuntamiento de Tampico. Mi reconocimiento para ella. Hoy la Directora de Cultura es Diana (¡Dianita, no sé tu apellido!).

La Directora de la Casa de la Cultura es la licenciada Irma Holguera, eficiente y colaboradora. Y si hablo de la Casa de la Cultura tengo que mencionar a Adriana y a Susana, que se ocupan de que las cosas estén siempre en su lugar (sobre todo Adriana). Y a Horacio, que es el que las pone allí (o sea en su lugar). Sin ellas y sin él, todo esto sería imposible.

Angélica Gallegos (una gran artista plástica) y Jenny son las que me persiguen todos los meses para que les mande la programación, de modo que aparezca en la Agenda Cultural del Ayuntamiento. Ellas también son indispensables. Y Blanquita, claro, que es la que se ocupa de los detalles administrativos.

¿Falta alguien? Claro que falta. Falta Rakel, mi esposa, que me dio mucho más que su apoyo moral. Sin su colaboración activa jamás podría haber iniciado este proyecto.

A todas y todos, muchas gracias. Gracias en mi nombre y en de toda la gente que ha disfrutado -que está disfrutando- del proyecto.

Programación de noviembre y diciembre de 2007

Hay muchos temas para contar, pero lo primero es lo primero. Aunque ya está terminando noviembre, es bueno poner la programación de todo el mes, más la de las dos primeras semanas de diciembre. Las funciones son, como siempre, los martes a las 19:30.

El tema de este mes (mes y medio, después vienen las vacaciones) es el cine neorrealista italiano. En realidad pertenecen a esa escuela las cuatro primeras películas, que son las más clásicas, filmadas entre 1945 y 1949. Las dos últimas, que van en diciembre, podrían ser catalogadas más bien en la categoría "cine social italiano". Son de 1960 y 1961.

El neorrealismo se caracterizó por ser un cine pobre, filmado fundamentalmente en locaciones (escenarios naturales), con mínimos recursos de escenografía e iluminación, y con la participación, la mayoría de las veces, de actores no profesionales. Por un lado había una concepción artística, la de acercarse lo más posible a la vida, pero por el otro existían limitantes propias de esos primeros años posteriores a la guerra: no había recursos, la infraestructura estaba destruida, y había que arreglarse con lo que se pudiera. El resultado fue impresionante: produjo algunas de las mejores obras de la historia del cine.

El 6 de noviembre se vio Roma ciudad abierta (Roma, città aperta), de Roberto Rossellini (1945), la segunda obra del neorrealismo (después de Paisà, del mismo autor), que cuenta una historia basada en hechos reales (el fusilamiento del sacerdote Luigi Morosini por su apoyo a la Resistencia, durante los meses de la ocupación alemana en Roma, apenas un año antes). Una gran película, que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

El 13 de noviembre, el film fue Sciuscià (Limpiabotas), de Vittorio De Sica (1946), que refleja el clima de los niños de la calle durante la ocupación americana, esta vez en Nápoles. La narración se acerca al estilo documental, con actores escogidos en la calle y escenarios reales, sin ninguna reconstrucción ficticia Fue premiada con un Oscar en 1947.

Para el 20 de noviembre estaba programada La terra trema (La tierra tiembla), de Luchino Visconti (1948). Una película casi épica, filmada en Sicilia, acerca de la lucha de los pescadores contra los comerciantes mayoristas que los explotan. Está actuada por los propios pescadores y hablada en el dialecto local.

Para terminar noviembre, el martes 27 veremos una de las más grandes películas de todos los tiempos: Ladrones de bicicletas (Ladri di bicilette), de Vittorio De Sica (1949). La historia de un trabajador que, tras meses de desocupación, consigue un empleo, pero para ello necesita tener una bicicleta. El primer día de trabajo se la roban, y la película muestra la búsqueda de la bicicleta en la Roma empobrecida de la posguerra, con escenas conmovedoras hasta llegar al desesperanzado final, en el que el protagonista y su pequeño hijo se alejan por las calles de una ciudad que se va volviendo progresivamente más oscura.

Decía antes que en diciembre veremos dos films que más que al neorrealismo pertenecen al cine social italiano. Sin embargo la primera cabalga, todavía, entre ambas corrientes.

Se trata de La Ciociara (en español se llamó Dos mujeres), de Vittorio De Sica, filmada en 1960. La veremos el martes 4 de diciembre. Es un relato verdaderamente sobrecogedor, ambientado en 1943, en plena ocupación alemana, que refleja la descomposición social provocada por la guerra. Una película dura, protagonizada por Claudia Cardinale y Jean Paul Belmondo.

El 11 de diciembre cerramos el ciclo 2007, con otro clásico. Es Una vida difícil (Una vita difficile), de Dino Risi (1961). La historia de dos décadas cruciales de la historia italiana, contada a través de las peripecias (tragicómicas, por momentos) de un partisano y las dificultades que encuentra para reinsertarse en la vida civil de un país que encuentra incómodo el período que ese hombre protagonizó. Tiene como aliciente una excelente actuación de Alberto Sordi, acompañado por Lea Massari.

Un buen programa, me parece. En línea con el esfuerzo que hemos venido haciendo todos estos meses (no se imaginan lo que cuesta conseguir estas películas). Es tan buen cierre de año que todavía no me imagino cómo empezar el próximo. Aunque ya les tengo dos buenas sorpresas para la tercera y cuarta semana de enero (las dos primeras serán de vacaciones, también). Pero esa es otra historia. No puedo contar todo en un solo post.

martes, 20 de noviembre de 2007

El comienzo

En septiembre de 2006, por esas raras oportunidades que a uno le da la vida, me propusieron hacerme cargo del Cine Club de la Casa de la Cultura de Tampico, bella ciudad del sur del estado de Tamaulipas, México. Como viejo amante del cine, y cineclubista desde mis años universitarios, acepté de inmediato. Comencé (comenzamos, porque jamás podría haberlo hecho solo) en octubre de ese mismo año. Ya pasaron doce meses, con más de cincuenta películas proyectadas, y es el momento de hacer un balance, compartir la experiencia y generar un espacio de comunicación con el público. Esa es la idea de este blog.
También iré comentando las películas proyectadas (y muchas no proyectadas, que esperan por alguna oportunidad mejor). Hay muchas y muy buenas páginas de crítica cinematográfica en la red, y remitire a ellas en vez de copiarlas. Por mi parte, prefiero explicar el por qué de cada ciclo y de las películas escogidas como representativas. Si de alguna película en particular tengo algo que decir, lo diré.
Además se hablará de la respuesta del público, las alegrías y las decepciones (que a veces también las hay, aunque afortunadamente, pocas). Y, por supuesto (casi se me olvida) publicaré la progamación. Y espero recibir la retroalimentación de los lectores, sus ideas y consejos, que seguro ayudarán a mejorar el espacio. Un blog es algo así como una botella al océano, pero espero tener ecos desde esta playa. Si sirve para atraer público tampiqueño (y maderense, y de Altamira) al Cine Club, me daré por recompensado.