domingo, 23 de diciembre de 2007

Inventario (I)

Éste iba a ser el post más largo de este blog. La idea era hacer el recuento de un año y tres meses de funcionamiento, desde octubre de 2006 hasta diciembre de 2007. En total, 57 películas exhibidas (o programadas: hubo tres o cuatro que no se pasaron, por distintas razones accidentales). En un sólo post pensaba poner ciclo por ciclo, película por película. Pero después de reportar la mitad de un ciclo, y tardar más de tres horas en ello, llego a la conclusión de que va a ser más sensato hacerlo por partes. Aquí va el refresco (ya narrado antes) de octubre de 2006, y la historia de noviembre y diciembre de ese año.

Octubre 2006: Una mirada al cine cubano


Ya hablamos de este ciclo. Fueron cuatro películas. La muerte de un burócrata (1966), de Tomás Gutiérrez Alea; Fresa y Chocolate (1993) y Guantanamera (1995) de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, y Lista de Espera (2003), de Juan Carlos Tabío. Algunas joyas del cine cubano, del maestro Titón (Gutiérrez Alea) y su discípulo Tabío. Hay más detalles en la entrada correspondiente. No los repito.

Noviembre/diciembre 2006: Bajos fondos

La violencia y el delito son dos temas recurrentes en el cine latinoamericano. Motivos no faltan: nuestras sociedades están permeadas por estos fenómenos. Por eso elegimos este tema para el segundo mes (y medio), siempre en la onda de privilegiar el cine de nuestra región. Vimos seis películas:

Sicario (José Novoa, Venezuela, 1994). Una buena película, pese a la opinión de algunos críticos. La historia de un adolescente de Medellín que busca salir de la miseria convirtiéndose en asesino a sueldo. Tal vez sus defectos cinematográficos sean más que compensados por la denuncia de una realidad demasiado fuerte, lo que la hizo merecedora de una gran cantidad de premios internacionales. Es la segunda película de José Novoa, director de origen uruguayo afincado en Venezuela, producida por Elia Schneider, su esposa, en una cooperación ya habitual en ellos: uno de los dos dirige y el otro produce. Esa forma de trabajo ha producido otros éxitos, como Huelepega (La ley de la calle) y Punto y raya.

Últimos días de la víctima (Adolfo Aristarain, Argentina, 1982). Un film de uno de los mejores directores argentinos. Un thriller basado en la novela homónima de José Pablo Feinmann, en el que el trabajo de un asesino a sueldo (entonces todavía no se había recuperado la vieja palabra sicario) se entremezcla con el clima enrarecido y asfixiante de la Argentina de la última dictadura cívico-militar. De hecho, recuerdo que la primera vez que la vi fue en una muestra de cine argentino en la Caracas de los 80, y la sensación fue terrorífica. Apenas unos años antes un almirante que representaba a la dictadura argentina en Washington había elaborado públicamente una metáfora sobre el terror y la violencia extra-legal (o para-legal): como el organismo (el cuerpo de la república) tenía una enfermedad maligna, había que aplicar cirugía mayor; la hora de limpiar el bisturí sería después. Yo interpreté esta película (un gran thriller, incluso sin esa interpretación) como una exacta metáfora de la metáfora naval (¿una meta-metáfora? reclamo los créditos por el invento). Vista así, provoca escalofríos aun a 25 años (cinco lustros, toda la vida de algunos muchachos y muchachas que suelen venir a las funciones) de su estreno.

La virgen de los sicarios (Barbet Schroeder, Colombia/Francia, 2000). No debe haber escritores más polémicos que el colombiano (ex-colombiano, ahora mexicano) Fernando Vallejo. Cuando publicó su novela "La virgen de los sicarios" le dijo a su amigo Barbet Schroeder (un francés nacido en Teherán, Irán) que en esa novela había una película, y que quería que él la dirigiera. No fue fácil, Vallejo hizo el guión, para lo que tuvo que pasar a voz activa una narración escrita originalmente en tercera persona. Ésa fue la condición que le puso Schroeder para aceptar la dirección. La obra, cinematográficamente bien lograda, escandalizó a Medellín -ciudad natal del escritor- por el tratamiento que hace del tema del sicariato adolescente, casi niños que matan (y mueren, paradójicamente) para vivir. Sin embargo el mismo autor del libro afirma que no intentó hacer un análisis sociológico; sólo escribir una novela de amor. De amor homosexual, hay que aclarar, en lo que la novela (y la película, por ende) tiene un fuerte carácter autobiográfico. El film fue realizado totalmente en formato digital de alta definición, algo normal hoy pero no tanto hace siete años. La elección tecnológica estuvo basada, seguramente, en cuestiones de costos, pero también de seguridad. Lo digital implica menos movilización de equipos y trabajo más rápido, y hay escenas de la película que podrían haber sido muy conflictivas si se hubieran filmado del modo convencional. El tema es simple: tras una larga ausencia, Fernando (alter ego del escritor) vuelve a Medellín "para morir" según sus palabras. Encuentra una ciudad muy distinta a la que había dejado, en la que imperan el narcotráfico y la violencia. En un burdel conoce a Alexis, un adolescente del que se enamora, y con él se interna en una violencia frente a la cual se va volviendo cada vez más indiferente. Un buen marco para que Vallejo muestre por un lado el amor a su ciudad, y por el otro sus críticas, sus confesiones y sus obsesiones. Un film que no se puede dejar de ver, porque está condenado a convertirse en un clásico.

Secuestro Express (Jonathan Jacubowicz, Venezuela, 2004). Una buena película, que aborda el tema de uno de los más delitos más frecuentes en la actualidad en las ciudades latinoamericanas, el que le da el nombre a la película. La acción transcurre entre la madrugada y media mañana de un día cualquiera en Caracas. Cinco o seis horas de extrema tensión, en las que una pareja es víctima de esta modalidad delictiva. Con buenas actuaciones de la argentina Mía Maestro (que después de ser elegida en el casting tuvo que hacer un proceso de inmersión en la cultura caraqueña y en el habla del este de Caracas, del que sale airosa), el animador de televisión Jean Paul Leroux, y cuatro (semi) auténticos malandros, integrantes de un grupo de hip hop. Y una mejorable (por no decir pésima) actuación de Rubén Blades, cuya única explicación en el elenco debe ser la incorporación de un nombre con proyección internacional. Fue la ópera prima de Jonathan Jacubowicz, de 26 años de edad cuando realizó el film. La película se inscribe en la tradición de un Tarantino, por ejemplo, pero también en la del cine venezolano de los años 70, y resultó polémica, en el caliente clima político venezolano, por una cortísima secuencia introductoria. Es una gran película, aunque lejos del hiperbólico calificativo que le dieron algunos de ser la mejor película del cine venezolano de todos los tiempos.

Aquí, un pequeño interludio. Como La Virgen de los Sicarios, Secuestro Express fue filmada en formato digital, lo que abre otra polémica que será objeto de algún post futuro: ¿reemplazará totalmente el formato digital al analógico (y el soporte electrónico al celuloide)? Mi respuesta a priori es que sí, pero correrá mucha agua (tecnológica) bajo los puentes y habrá mucho debate en el medio. Averigüen qué está pasando en los mercados de la plata, por un lado, y del níquel y el litio, por el otro, lo que les dará una pista de las tendencias del mercado. La plata es la materia prima para las películas fotográficas. El níquel y el litio lo son de las baterías de las cámaras digitales (además de las computadoras portátiles).

Pero sigamos con nuestro inventario. Después de Secuestro Express vimos Elisa antes del fin del mundo (Juan Antonio de la Riva, México, 1997). Aquí el fin del mundo es la crisis que golpeó con especial fuerza a las clases medias como consecuencia del "error de diciembre", que en otras latitudes se conoció como "efecto tequila". Elisa, una niña de nueve años, agobiada por la situación de su familia, planea un absurdo atraco a un banco que termina en tragedia.

Por último, Nueve reinas (Fabián Bielinsky, Argentina, 2000), el primer largo metraje de los dos que dirigió este realizador, prematuramente desaparecido. Fue el estreno más aplaudido de ese año y una de las películas más exitosas del cine argentino de todos los tiempos. Muy bien actuada por Ricardo Darín, Gastón Pauls y una atractiva Leticia Brédice, sobre un guión del propio Bielinsky, que se hizo merecedor al primer premio (entre 354 guiones) del concurso "Nuevos talentos", nos introduce en tono entre irónico y jocoso en otra modalidad delictiva: la estafa.

Después, las merecidas vacaciones. El balance de 2006: haber mantendido la continuidad del Cine Club, con diez películas proyectadas en dos meses y medio, y el haber difundido un cine poco conocido, aunque también incluimos dos éxitos internacionales como Fresa y Chocolate y Guantanamera, que han llegado hasta la televisión.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Programación de enero 2008: cine bélico

[Mantengo esta entrada por simple testarudez. Cosas de mi gen baturro (diluido al 25%). Un cambio de administración municipal alteró los planes, y este programa no se realizó. Lo mantengo como propuesta, porque creo (sigo creyendo) que vale la pena].

Las actividades de enero de 2008 comenzarán el martes 16. Las dos primeras semanas son de vacaciones. La propuesta, esta vez, es algo de lo que genéricamente se suele llamar "cine bélico", entendiendo por tal las cosas que pasan durante las guerras. Cosas de muy distinta naturaleza, claro, como verán en esta mínima muestra de tres filmes.

El martes 15 de enero veremos El Ejército de las Sombras (L'Armeé des Ombres, Francia 1969), del gran director francés Jean-Pierre Melville. Esta película, recordarán, estuvo programada en agosto de 2007, pero las vacaciones impidieron su proyección. Ahora vamos a verla. Es un homenaje a los hombres y mujeres de la resistencia francesa, en la que el propio Melville fue combatiente. Y como siempre, un canto a la amistad y la lealtad, una constante en el cine de este director, injustamente olvidado durante mucho tiempo. Protagonizan algunos grandes actores del cine de la época, como Serge Reggiani, Lino Ventura y Simone Signoret.

El martes 22 proyectaremos La Caída (Der Untergang, Alemania, 2004), de Oliver Hirschbiegel. Una película que narra las últimas dos semanas de la vida de Hitler, recluído en el bunker de la Cancillería de Berlín, según el diario de su secretaria. El personaje está muy bien representado por el actor suizo Bruno Ganz, a tal punto que algunos críticos sostienen que esa actuación es muy superior a la película. Personalmente me impresiona la actitud megalómana de un jefe que reparte órdenes a ejércitos que ya no existen, cuando la batalla final se está librando a pocas cuadras de su refugio. En ese momento el "Reich de los mil años" (que duró apenas doce, desde enero de 1933 hasta mayo de 1945; la docena de años más larga de la historia europea) abarcaba unas pocas hectáreas.

Y cerramos el mes, el martes 29, con El Valle de los Lobos - Irak (Kurtlar Vadisi - Irak, Turquía, 2006), de Serdar Akar. Kurtlar Vadisi es el nombre de una popular serie de la televisión turca, del mismo director, cuyo protagonista, Polat Alendar (que también lo es de la película), es personificado por el actor Necati Sasmaz. Sobre ese formato se elaboró este film, que parte de un hecho real: el arresto en forma humillante por parte de soldados (¿o paramilitares? ¿Blackwater, tal vez?) estadounidenses de once militares turcos, llevado a cabo el 4 de julio de 2000 en Suleimania, al norte de Irak. Tras el suicidio de un amigo, que formaba parte del contingente, Polat Alendar entra en acción para vengarlo y a partir de allí se construye un verdadero panfleto, al mejor estilo de Hollywood, salvo que en esta oportunidad los malos son los estadounidenses. Una buena película, aunque más no sea por esa curiosidad, filmada con el presupuesto más alto del cine turco: diez millones de dólares. A los soldados norteamericanos se les prohibió verla, por creerse que es desmoralizadora, y su presentación en los circuitos europeos, en los que resultó exitosa, estuvo rodeada de varios escándalos e intentos de censura.

En fin, nos parece una buena programación para empezar el año. Y quedaron afuera producciones no menos valiosas, que ya tendremos oportunidad de ver. Por ejemplo, para dar uno solo, Trenes Rigurosamente Vigilados (Ostre sledované vlaky, Checoeslovaquia, 1966), de Jirí Menzel. Una verdadera obra maestra, que narra el despertar sexual de un joven en el marco de la ocupación alemana de Checoeslovaquia, incluida entre las 100 mejores películas de la historia del cine por los críticos de la revista Time. Ya la veremos.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Empezando: octubre de 2006

La decisión estaba tomada. Íbamos a comenzar, y había que armar rápidamente una programación para el primer mes. La filosofía -que todavía se mantiene- es organizar ciclos mensuales sobre la base de elementos comunes (la misma temática, el mismo director, el mismo país de origen, etc.). De entrada pensamos que era una buena idea privilegiar el cine latinoamericano, por una sencilla razón: por alguna perversa lógica de mercado, cada uno de nuestros países (salvo los círculos cinéfilos) ignora prolijamente lo que en materia cinematográfica hace el país vecino. La llamada "globalización" ha integrado a la industria cinematográfica con la distribución y los circuitos de exhibición, en enormes conglomerados, y esto deja fuera de la escena a los "subdesarrollados". Hay excepciones, sobre todo últimamente, y volveremos sobre ello en algún post: las coproducciones, recurso reciente de los productores tercermundistas para captar alguna cuota del mercado mundial.

Pero hay un cine, muchas veces de alta calidad, orientado hacia el mercado interno de cada uno de nuestros países, que no es conocido en los otros. A veces, por cierto, por desconocimiento del público, que cuando esas producciones llegan a su mercado las deja pasar y prefiere ir a lo seguro (adivinaron: lo seguro es Hollywood). En el inicio, entonces, nos empecinamos en difundir ese cine.

Había otras razones, claro. Cuando uno tiene que armar un ciclo de cine en tres semanas recurre a lo que tiene cerca; y lo que tenía cerca, en este caso, era mi colección personal. Decidí, revisando mi dvd-teca*, que si íbamos a empezar con cine latinoamericano había que hacerlo a lo grande, y me decidí por Titón. O sea, Tomás Gutiérrez Alea, el genial realizador cubano, monstruo y padre de todos los monstruitos que el cine latinoamericano produjo después de él. En el ciclo se exhibieron cuatro películas, tres de Gutiérrez Alea y la última, de Juan Carlos Tabío, discípulo y colaborador de Titón. Vimos:

La muerte de un burócrata (Tomás Gutiérrez Alea, 1966). Un fresco de corte chaplinesco, que narra cómo la burocracia puede enredarle la vida a un hombre hasta volverlo loco.

Fresa y Chocolate (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1993). La amistad entre un joven estudiante, revolucionario, políticamente correcto y homofóbico, un artista homosexual y una mujer desesperada, proporciona el marco para una reflexión profunda sobre el prejuicio, el amor y la amistad. Es el primer film que abordó el tema de la homosexualidad en la Cuba revolucionaria, y sólo pudo haber sido filmada por Gutiérrez Alea, cuya autoridad moral le permitía traspasar los tabúes. Lanzó a la fama internacional a Jorge Perugorría, que fue acompañado por otros dos grandes actores: Vladimir Cruz y Mirta Ibarra, esposa del director. Está basada en el cuento "El lobo, el bosque y el hombre nuevo", de Senel Paz.

Guantanamera (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, 1995). Película estrenada pocos meses antes de la preanunciada muerte de Titón, abatido por un cáncer de pulmón. A través del último viaje de Yoyita, una cantante cuyo cuerpo atraviesa toda Cuba a merced de un burócrata caído en desgracia, se dibuja una crítica interna al sistema, en clave de comedia. Nuevamente protagonizan Jorge Perugorría y Mirta Ibarra,

Lista de Espera (Juan Carlos Tabío, 2003). Film de total responsabilidad de Tabío, a siete años de la muerte de Gutiérrez Alea. Sobre un cuento de Arturo Arango, y con la colaboración de Senel Paz en el guión, vuelve a reunir a Jorge Perugorría y Vladimir Cruz, mucho más maduros. Cuenta la historia de un grupo heterogéneo, atrapado por la rotura de un autobús en una remota estación de micros. El sueño y la realidad se superponen y componen un fresco sobre la Cuba actual.

Es notable (¿o tal vez no lo es?) que Juan Carlos Tabío declare que ni Lista de Espera, ni Guantanamera, ni Fresa y Chocolate son cine político. Claro que lo son, y del mejor estilo, porque son capaces de cuestionar al sistema sin salirse de él. Tabío, y su maestro Titón, son puntales del cine de la Revolución Cubana, y hacen crítica dentro de la revolución. Eso habla tanto a su favor como a favor del sistema cubano, y calificar a su cine como político no lo degrada, lo enaltece. Esa crítica está clara desde La muerte de un burócrata, veintisiete años anterior a Fresa y chocolate.

Cuando programamos el ciclo tuvimos que elegir. Teníamos varías películas y sólo cuatro semanas. Eso nos llevó a omitir alguna película importante, como Memorias del subdesarrollo, (1968), para muchos críticos, la mejor película de Gutiérrez Alea, a partir de la novela homónima de Edmundo Desnoes. Este film relata (retrata) el hastío de un burgués -el único de su familia que decide quedarse en La Habana- frente a un mundo en ebullición. También es indispensable, tanto desde su relato social como de la impecable estética de Titón, pero preferí privilegiar lo crítico, los espacios que sólo podía conquistar con la prepotencia de su talento y de su trabajo el irremplazable Tomás Gutiérrez Alea. Por eso esta película quedó para otro ciclo.

* Ya hablaré más en detalle de nuestro hardware. Como anticipo les cuento que contamos con un reproductor de DVDs y cassettes de VHS, y un cañón, más el amplificador que alimenta los parlantes, colocados a ambos lados de la pantalla. La típica instalación de un microcine.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

La gente

Hay mucha gente detrás de esta movida. Para los que vienen al cine, soy la cara visible. Pero si no existiera el resto, los que están "detrás de la pantalla" (buena imagen, ¿no?), todo esto no sería posible.

Quien me invitó a comenzar esta aventura (o mejor dicho a continuar una aventura que había comenzado Fabián, a quien no conozco, y que hoy anda haciendo lo mismo por otros rumbos) fue la licenciada Rosa Muela, entonces Directora de Cultura del Ayuntamiento de Tampico. Mi reconocimiento para ella. Hoy la Directora de Cultura es Diana (¡Dianita, no sé tu apellido!).

La Directora de la Casa de la Cultura es la licenciada Irma Holguera, eficiente y colaboradora. Y si hablo de la Casa de la Cultura tengo que mencionar a Adriana y a Susana, que se ocupan de que las cosas estén siempre en su lugar (sobre todo Adriana). Y a Horacio, que es el que las pone allí (o sea en su lugar). Sin ellas y sin él, todo esto sería imposible.

Angélica Gallegos (una gran artista plástica) y Jenny son las que me persiguen todos los meses para que les mande la programación, de modo que aparezca en la Agenda Cultural del Ayuntamiento. Ellas también son indispensables. Y Blanquita, claro, que es la que se ocupa de los detalles administrativos.

¿Falta alguien? Claro que falta. Falta Rakel, mi esposa, que me dio mucho más que su apoyo moral. Sin su colaboración activa jamás podría haber iniciado este proyecto.

A todas y todos, muchas gracias. Gracias en mi nombre y en de toda la gente que ha disfrutado -que está disfrutando- del proyecto.

Programación de noviembre y diciembre de 2007

Hay muchos temas para contar, pero lo primero es lo primero. Aunque ya está terminando noviembre, es bueno poner la programación de todo el mes, más la de las dos primeras semanas de diciembre. Las funciones son, como siempre, los martes a las 19:30.

El tema de este mes (mes y medio, después vienen las vacaciones) es el cine neorrealista italiano. En realidad pertenecen a esa escuela las cuatro primeras películas, que son las más clásicas, filmadas entre 1945 y 1949. Las dos últimas, que van en diciembre, podrían ser catalogadas más bien en la categoría "cine social italiano". Son de 1960 y 1961.

El neorrealismo se caracterizó por ser un cine pobre, filmado fundamentalmente en locaciones (escenarios naturales), con mínimos recursos de escenografía e iluminación, y con la participación, la mayoría de las veces, de actores no profesionales. Por un lado había una concepción artística, la de acercarse lo más posible a la vida, pero por el otro existían limitantes propias de esos primeros años posteriores a la guerra: no había recursos, la infraestructura estaba destruida, y había que arreglarse con lo que se pudiera. El resultado fue impresionante: produjo algunas de las mejores obras de la historia del cine.

El 6 de noviembre se vio Roma ciudad abierta (Roma, città aperta), de Roberto Rossellini (1945), la segunda obra del neorrealismo (después de Paisà, del mismo autor), que cuenta una historia basada en hechos reales (el fusilamiento del sacerdote Luigi Morosini por su apoyo a la Resistencia, durante los meses de la ocupación alemana en Roma, apenas un año antes). Una gran película, que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

El 13 de noviembre, el film fue Sciuscià (Limpiabotas), de Vittorio De Sica (1946), que refleja el clima de los niños de la calle durante la ocupación americana, esta vez en Nápoles. La narración se acerca al estilo documental, con actores escogidos en la calle y escenarios reales, sin ninguna reconstrucción ficticia Fue premiada con un Oscar en 1947.

Para el 20 de noviembre estaba programada La terra trema (La tierra tiembla), de Luchino Visconti (1948). Una película casi épica, filmada en Sicilia, acerca de la lucha de los pescadores contra los comerciantes mayoristas que los explotan. Está actuada por los propios pescadores y hablada en el dialecto local.

Para terminar noviembre, el martes 27 veremos una de las más grandes películas de todos los tiempos: Ladrones de bicicletas (Ladri di bicilette), de Vittorio De Sica (1949). La historia de un trabajador que, tras meses de desocupación, consigue un empleo, pero para ello necesita tener una bicicleta. El primer día de trabajo se la roban, y la película muestra la búsqueda de la bicicleta en la Roma empobrecida de la posguerra, con escenas conmovedoras hasta llegar al desesperanzado final, en el que el protagonista y su pequeño hijo se alejan por las calles de una ciudad que se va volviendo progresivamente más oscura.

Decía antes que en diciembre veremos dos films que más que al neorrealismo pertenecen al cine social italiano. Sin embargo la primera cabalga, todavía, entre ambas corrientes.

Se trata de La Ciociara (en español se llamó Dos mujeres), de Vittorio De Sica, filmada en 1960. La veremos el martes 4 de diciembre. Es un relato verdaderamente sobrecogedor, ambientado en 1943, en plena ocupación alemana, que refleja la descomposición social provocada por la guerra. Una película dura, protagonizada por Claudia Cardinale y Jean Paul Belmondo.

El 11 de diciembre cerramos el ciclo 2007, con otro clásico. Es Una vida difícil (Una vita difficile), de Dino Risi (1961). La historia de dos décadas cruciales de la historia italiana, contada a través de las peripecias (tragicómicas, por momentos) de un partisano y las dificultades que encuentra para reinsertarse en la vida civil de un país que encuentra incómodo el período que ese hombre protagonizó. Tiene como aliciente una excelente actuación de Alberto Sordi, acompañado por Lea Massari.

Un buen programa, me parece. En línea con el esfuerzo que hemos venido haciendo todos estos meses (no se imaginan lo que cuesta conseguir estas películas). Es tan buen cierre de año que todavía no me imagino cómo empezar el próximo. Aunque ya les tengo dos buenas sorpresas para la tercera y cuarta semana de enero (las dos primeras serán de vacaciones, también). Pero esa es otra historia. No puedo contar todo en un solo post.

martes, 20 de noviembre de 2007

El comienzo

En septiembre de 2006, por esas raras oportunidades que a uno le da la vida, me propusieron hacerme cargo del Cine Club de la Casa de la Cultura de Tampico, bella ciudad del sur del estado de Tamaulipas, México. Como viejo amante del cine, y cineclubista desde mis años universitarios, acepté de inmediato. Comencé (comenzamos, porque jamás podría haberlo hecho solo) en octubre de ese mismo año. Ya pasaron doce meses, con más de cincuenta películas proyectadas, y es el momento de hacer un balance, compartir la experiencia y generar un espacio de comunicación con el público. Esa es la idea de este blog.
También iré comentando las películas proyectadas (y muchas no proyectadas, que esperan por alguna oportunidad mejor). Hay muchas y muy buenas páginas de crítica cinematográfica en la red, y remitire a ellas en vez de copiarlas. Por mi parte, prefiero explicar el por qué de cada ciclo y de las películas escogidas como representativas. Si de alguna película en particular tengo algo que decir, lo diré.
Además se hablará de la respuesta del público, las alegrías y las decepciones (que a veces también las hay, aunque afortunadamente, pocas). Y, por supuesto (casi se me olvida) publicaré la progamación. Y espero recibir la retroalimentación de los lectores, sus ideas y consejos, que seguro ayudarán a mejorar el espacio. Un blog es algo así como una botella al océano, pero espero tener ecos desde esta playa. Si sirve para atraer público tampiqueño (y maderense, y de Altamira) al Cine Club, me daré por recompensado.