domingo, 3 de agosto de 2008

Inventario (II):

Y sigo con el inventario. En enero de 2007 se proyectó el ciclo "Directores argentinos". No necesariamente películas argentinas. No cabe duda con respecto a los directores (por eso el nombre del ciclo), pero tres de los cuatro films proyectados fueron coproducciones, en dos casos argentino-españolas y en otro argentino-franco-española.

La coproducción es un mecanismo bastante recurrido hoy en día, que permite lograr sinergias -al sumar recursos tecnológicos y artísticos-, obtener financiamiento y, sobre todo, trascender las fronteras nacionales en la distribución. Entre las próximas entradas (hasta ahora prometidas y no cumplidas) tendré que incluir una más extensa sobre el tema.

Vimos cuatro películas -decía- de tres de los grandes directores argentinos de las dos últimas décadas, uno de ellos prematuramente desaparecido (o sea, muerto; los muertos no desaparecen: mueren y se los entierra, generalmente entre manifestaciones de dolor; desaparecen los "desaparecidos", ese horrible invento latinoamericano). Los directores fueron Adolfo Aristarain, Juan José Campanella y Fabián Bielinsky, y las películas, las siguientes:

La primera semana de enero vimos Lugares Comunes (2002), de Aristarain, protagonizada por su actor favorito, Federico Luppi, que comparte cartel con la española Mercedes Sampietro, en virtud de tratarse de una coproducción hispano-argentina. Una excelente película, que mereció dos premios Goya (a la mejor actriz y al mejor guión adaptado) y otros dos en el Festival de San Sebastián (Concha de Plata a Mercedes Sampietro como mejor actriz y Premio del Jurado al mejor guión).

Ustedes saben (¿no sabían?, bueno, ahora lo saben) que antes de empezar cada ciclo tenía que mandar la información a la Dirección de Cultura, para incorporarla en la Cartelera Cultural de Tampico. Como uno está metido en otras (varias) actividades, de las cuales algunas sirven para vivir, esa información la elabora a último momento, recurriendo a fuentes disponibles en la red. Si detectan esa situación, pido disculpas de antemano.

Lugares Comunes es la historia de un hombre que, ya en la madurez, es obligado a reinventar su vida, ante una jubilación forzosa, que no solicitó. También es la historia de una relación de pareja adulta, sólida, y del conflicto con el hijo aburguesado que vive en España, símbolo de todo lo que el protagonista nunca quiso ser. Y de la búsqueda de nuevos horizontes y alternativas de vida. Excelente y actuada con la maestría de dos actores veteranos, es conmovedora. Una pequeña obra maestra de Aristarain.

La segunda semana se la dedicamos a El mismo amor, la misma lluvia (1999)
, de Juan José Campanella, una película que nunca será un clásico, pero cuya discreta historia es fresca y tierna. El film tiene una virtud importante: está muy bien actuado por dos excelentes profesionales, Ricardo Darín y Soledad Villamil. La estructura dramática es sencilla: Jorge (Ricardo Darín) es una joven promesa de la literatura argentina, pero mientras tanto sobrevive escribiendo cuentos románticos para una revista de actualidad. Una noche conoce a Laura (Soledad Villamil), una joven y soñadora camarera que espera a su novio, un artista que está montando una exposición en el Uruguay, del que hace meses que no tiene noticias. Jorge y Laura terminan trabando una relación amorosa que se complica por la insistencia de Laura en que Jorge se transforme en un "escritor serio". Así, la relación se deteriora y acaba en ruptura, tras la que sobrevienen años de encuentros y desencuentros, encantos y desencantos. Todo ello narrado en clave de humor e ironía. Como decía arriba, no es una película excepcional, y seguramente será olvidada, pero es una comedia romántica que convoca momentos agradables. No es la mejor película de Campanella, que fue nominado al Oscar a la mejor película extranjera (2001) por El hijo de la novia. Sin embargo, obtuvo 8 cóndores de plata (Mejor película, mejor director, mejor actor, mejor actriz, mejor actor de reparto, mejor guión original, mejor fotografía y mejor dirección artística) de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina.

Luego vimos Martín H (Adolfo Aristarain, 1997), ésta sí un clásico de los que nos propina habitualmente este veterano y sólido director, y probablemente una de las mejores de su importante y premiada producción. Es la historia, precisamente de la relación entre un director de cine (Martín, protagonizado -una vez más- por Federico Luppi) y su hijo, que siguiendo la tradición familiar, también se llama Martín, pero a quien todo el mundo conoce como H, por esa costumbre de suceder al nombre con una (h) cuando se tiene el mismo nombre que su padre. Relación entre difícil y tortuosa, por la actitud de Martín (p) de negarse a evidenciar sus afectos de otro modo que intentando imponer a sus seres queridos futuros que no son los que necesariamente ellos desean. Acompañan a los dos Martín una brillante Cecilia Roth (Alicia, la amante de Martín padre) y un no menos brillante Eusebio Poncela (Dante, su mejor amigo).

Enumerar los premios que recibió Martín H no es fácil. El film, como mejor película; Aristarain, como mejor director; Federico Luppi, Cecilia Roth y Eusebio Poncela, como mejores actores, se repartieron premios en los festivales de San Sebastián, Biarritz, Oslo, Valdivia y La Habana, cóndores de plata de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina, el Premio Ondas de Radio Barcelona, premios Goya y el Premio Sant Jordi.

Y el mes cerró a lo grande, con El Aura (Fabián Bielinsky, 2005), la segunda y última película de este malogrado director, del que ya habíamos disfrutado Nueve Reinas. Nuevamente protagonizada por Ricardo Darín (si Luppi es el actor favorito de Aristarain, Darín lo era de Bielinsky), a quien acompañan con altura Dolores Fonzi, Nahuel Pérez Bizcayart y otros buenos actores, es un thriller de excelente factura. Renuncio a contar el argumento o ensayar una crítica: no podría hacerlo mejor que ésta.

Mi síntesis: creo que fue un buen ciclo, y que fue disfrutado por el público. Buena manera de comenzar el año.

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