Y sigo...
Soy afortunado. Esta entrada va a ser corta. Se refiere, por supuesto y para seguir el orden, a la programación de febrero de 2007. Y es corta porque uno no puede agregar gran cosa a todo lo que ya se ha dicho y escrito del grandioso Charles Chaplin. El ciclo fue el más exitoso de los quince meses: en dos oportunidades llegó, casi, a llenar la sala. Es que Chaplin sigue convocando multitudes.
Bauticé a ese ciclo, en un alarde de imaginación e ingenio literario, "Chaplin básico". El nombre no está descaminado, porque apenas se exhibieron cuatro muestras de su copiosa filmografía: El chico (The kid, 1921), La quimera del oro (The golden rush, 1925), Tiempos modernos (1936) y Candilejas (1952).
El chico, que le valió un Oscar honorífico (uno de los dos que se le dieron a Chaplin, además del que ganó por la música de Candilejas) otorgado en 1928, siete años después de su estreno, es juzgada por muchos como su mejor película. Otros prefieren Luces de la ciudad. Como las opiniones están divididas, incluí la primera en este ciclo y la segunda en otro posterior, dedicado a las glorias del cine mudo. Pero esa otra historia, de la que hablaré en la entrada correspondiente. La historia del vagabundo (su personaje Charlot) que encuentra un niño abandonado y lo cría, es enternecedora. Y tan maravillosa como la actuación de Chaplin es la del niño Jackie Coogan.
La quimera del oro trata un tema que ha sido reiterativo en el cine. El hombre pobre (Charlot, el vagabundo, en este caso) que se enamora de una mujer socialmente inalcanzable y tras hacer fortuna logra conquistarla. Esa mujer, Georgia, es interpretada por Georgia Hale, a la que esta película convirtió temporalmente en una estrella.
Chaplin, en realidad un mimo genial, no se sintió cómodo con la llegada del sonido. La primera película sonora, El cantante de jazz, con Al Jolson, se estrenó en 1927, y Chaplin, sólo en 1931 hizo su primer film con banda de sonido. Fue Luces de la ciudad, pero sólo incorporó en ella la música (que hasta entonces era interpretada en vivo); la película continuó siendo muda. Chaplin opinaba, con razón, que hacer hablar a Charlot estropearía el personaje. La primera película sonora que hizo fue Tiempos modernos, en 1936, ¡nueve años después de la irrupción del sonido en el cine!, que a la vez fue la última en la que aparece Charlot, que sigue sin hablar: sólo lo hacen algunos de los otros personajes. Coestelarizada por una muy joven y atractiva Paulette Godard (con quien por cierto Chaplin vivió un corto matrimonio -cuatro años- que comenzó al finalizar la filmación), Tiempos modernos es un clásico del cine social. Con esta película comenzaron los problemas que, agudizados en la posguerra (la era del macartismo), lo condujeron a abandonar definitivamente los Estados Unidos en 1952.
Para terminar el breve recuento del cine de Chaplin, terminamos el mes con Candilejas, su tercera película sonora, de 1952 (ya dije que Tiempos modernos no puede ser considerada tal, a menos que no lo haya dicho). Quedaron sin proyectarse, en espera de otro ciclo, El gran dictador y Monsieur Verdoux. Candilejas es una película de un profundo contenido autobiográfico. Chaplin, trasmutado en Calvero, su alter ego, un viejo cómico dipsómano y en decadencia, salva de la muerte a una joven bailarina, interpretada por Claire Bloom, que intenta suicidarse porque no puede caminar (y por lo tanto, bailar). Al salvarla y enamorarse de ella, de alguna manera ella lo salva a él, cuya vida ahora tiene un objeto: hacer que Terry (así se llama el personaje) vuelva a caminar y regrese a los escenarios. Lo consigue, y la muchacha reemprende una brillante carrera que la conduce al éxito. Finalmente Calvero también vuelve al escenario, y tras una extraordinaria secuencia que comparte -nada menos- con Buster Keaton (otro de los grandes cómicos del cine mudo), sufre un accidente que lo lleva a morir entre bambalinas, mientras Terry baila. Todo esto acompañado por una magnífica partitura, que le valió un Oscar, y sigue estando entre los temas más hermosos escritos para el cine.
Como siempre, Chaplin hizo el guión, compuso la música, produjo y dirigió el film y fue su protagonista, lujo que sólo puede darse alguien de un talento gigantesco. ¿Qué más puedo decir? Que Candilejas me hizo lagrimear la primera vez que la vi, en mi pueblito natal de la Patagonia argentina (hoy ya no es un pueblito, es una ciudad), siendo un niño, y lo logró nuevamente cuando la proyecté en el Cine Club, más de medio siglo después.
Soy afortunado. Esta entrada va a ser corta. Se refiere, por supuesto y para seguir el orden, a la programación de febrero de 2007. Y es corta porque uno no puede agregar gran cosa a todo lo que ya se ha dicho y escrito del grandioso Charles Chaplin. El ciclo fue el más exitoso de los quince meses: en dos oportunidades llegó, casi, a llenar la sala. Es que Chaplin sigue convocando multitudes.
Bauticé a ese ciclo, en un alarde de imaginación e ingenio literario, "Chaplin básico". El nombre no está descaminado, porque apenas se exhibieron cuatro muestras de su copiosa filmografía: El chico (The kid, 1921), La quimera del oro (The golden rush, 1925), Tiempos modernos (1936) y Candilejas (1952).
El chico, que le valió un Oscar honorífico (uno de los dos que se le dieron a Chaplin, además del que ganó por la música de Candilejas) otorgado en 1928, siete años después de su estreno, es juzgada por muchos como su mejor película. Otros prefieren Luces de la ciudad. Como las opiniones están divididas, incluí la primera en este ciclo y la segunda en otro posterior, dedicado a las glorias del cine mudo. Pero esa otra historia, de la que hablaré en la entrada correspondiente. La historia del vagabundo (su personaje Charlot) que encuentra un niño abandonado y lo cría, es enternecedora. Y tan maravillosa como la actuación de Chaplin es la del niño Jackie Coogan.
La quimera del oro trata un tema que ha sido reiterativo en el cine. El hombre pobre (Charlot, el vagabundo, en este caso) que se enamora de una mujer socialmente inalcanzable y tras hacer fortuna logra conquistarla. Esa mujer, Georgia, es interpretada por Georgia Hale, a la que esta película convirtió temporalmente en una estrella.
Chaplin, en realidad un mimo genial, no se sintió cómodo con la llegada del sonido. La primera película sonora, El cantante de jazz, con Al Jolson, se estrenó en 1927, y Chaplin, sólo en 1931 hizo su primer film con banda de sonido. Fue Luces de la ciudad, pero sólo incorporó en ella la música (que hasta entonces era interpretada en vivo); la película continuó siendo muda. Chaplin opinaba, con razón, que hacer hablar a Charlot estropearía el personaje. La primera película sonora que hizo fue Tiempos modernos, en 1936, ¡nueve años después de la irrupción del sonido en el cine!, que a la vez fue la última en la que aparece Charlot, que sigue sin hablar: sólo lo hacen algunos de los otros personajes. Coestelarizada por una muy joven y atractiva Paulette Godard (con quien por cierto Chaplin vivió un corto matrimonio -cuatro años- que comenzó al finalizar la filmación), Tiempos modernos es un clásico del cine social. Con esta película comenzaron los problemas que, agudizados en la posguerra (la era del macartismo), lo condujeron a abandonar definitivamente los Estados Unidos en 1952.
Para terminar el breve recuento del cine de Chaplin, terminamos el mes con Candilejas, su tercera película sonora, de 1952 (ya dije que Tiempos modernos no puede ser considerada tal, a menos que no lo haya dicho). Quedaron sin proyectarse, en espera de otro ciclo, El gran dictador y Monsieur Verdoux. Candilejas es una película de un profundo contenido autobiográfico. Chaplin, trasmutado en Calvero, su alter ego, un viejo cómico dipsómano y en decadencia, salva de la muerte a una joven bailarina, interpretada por Claire Bloom, que intenta suicidarse porque no puede caminar (y por lo tanto, bailar). Al salvarla y enamorarse de ella, de alguna manera ella lo salva a él, cuya vida ahora tiene un objeto: hacer que Terry (así se llama el personaje) vuelva a caminar y regrese a los escenarios. Lo consigue, y la muchacha reemprende una brillante carrera que la conduce al éxito. Finalmente Calvero también vuelve al escenario, y tras una extraordinaria secuencia que comparte -nada menos- con Buster Keaton (otro de los grandes cómicos del cine mudo), sufre un accidente que lo lleva a morir entre bambalinas, mientras Terry baila. Todo esto acompañado por una magnífica partitura, que le valió un Oscar, y sigue estando entre los temas más hermosos escritos para el cine.
Como siempre, Chaplin hizo el guión, compuso la música, produjo y dirigió el film y fue su protagonista, lujo que sólo puede darse alguien de un talento gigantesco. ¿Qué más puedo decir? Que Candilejas me hizo lagrimear la primera vez que la vi, en mi pueblito natal de la Patagonia argentina (hoy ya no es un pueblito, es una ciudad), siendo un niño, y lo logró nuevamente cuando la proyecté en el Cine Club, más de medio siglo después.
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